By | domingo, agosto 01, 2010 Leave a Comment
La flama abrasaba con odio aquel día, era demasiado calor para soportarlo. Miraba al sol con todas sus llamaradas quemando el ozono, como látigos cegantes. Todo llegaba hasta la tierra, temiendo el fin. El calor aumentaba cuando de repente sentí el hormigueo en mi cabeza y vi que mi cabello perdía la sensibilidad y comenzaba a formar canas, ¿qué estaba ocurriéndo?. Me asusté. Entonces desperté y en ese instante de sinrazón, pensé en mi edad comprimida en un solo soplo de viento.

Hay muy poco tiempo sobre la roca.


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