La pescadilla que se muerde la cola

By | domingo, agosto 01, 2010 Leave a Comment
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Agradecemos que haya de todo lo que queramos, donde queramos y cuando queramos. Eso genera trabajo y empleo.
Si nos ofrecen más, queremos más. Pero cuando quede poco de eso, ¿qué hacemos?, solo sabemos construir casas y carreteras.

Si construímos carreteras, la comunicación se hace más efectiva y habrá empleo para los que construyen la carretera y para los camioneros que la utilicen llevando los propios materiales de construcción. Cada vez tenemos más carreteras. Si construimos más carreteras por todas partes, ¿nos quedará sitio para sembrar los tomates en este mundo?.
Si cada vez somos más habitantes en el planeta, las ciudades se expanden ¿no necesitaremos más espacio para sembrar más tomates?

Fijaos, hemos vuelto al principio, todo es estúpido. El mundo humano es contradictorio. Le dimos la patada a la pirámide alimenticia como el que no quiere la cosa, lo que queremos es comer pero no pensamos en el día que no tengamos que comer, que no podamos cultivar.
Como pequeños niños enrabietados pataleamos por egoístas.

El hombre no piensa por el hombre, yo pienso para mí.

Cada pequeño acto diario por diminuto que sea viene cargado de un pesado engranaje para que todo sea así de sencillo. Imaginaos el objeto más sencillo que tengamos en casa, por ejemplo un cuchillo. El cuchillo con el que cortamos pan, con el que untamos mantequilla, es sencillo, simple, barato, insípido. Detrás de él hubo trabajadores, metaleros, fabricantes, revisores, ingenieros, transportistas, dependientes, etc. Toda una cadena de engranaje.

La consecuencia de nuestro acto generará otro gran giro de ese mismo engranaje.
No es catástrofista, es matemático.

"Un niño dibuja sobre un papel porque el origen es un bosque arrasado para hacer papel."
Marcelo Dukaj
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