Amigo

By | sábado, octubre 09, 2010 Leave a Comment

Un amigo, por lo que se aprende, porque eso no lo enseñan en ninguna parte, está contigo en el buen momento y en el mal momento. Parece la regla imprescindible para que asi se considere.
Las alegrías fecundan y los dolores dan a luz. Tengo la experiencia de escuchar, de poner los oídos cuando un amigo habla, y sobre todo, cuando habla de marañas contenidas, cuando ya no aguantan dentro, de la mierda, de la vergüenza, del deseo y de lo que según me cuentan con pocos comparten.

Estas joyas que son sus confesiones las guardo no en un cofre del tesoro, cualquiera podría romperlo sin tener la llave y robarlas. Yo me las entierro en la carne, si, en la carne, porque cuando un amigo te da su confesión te entrega una parte de si, con la moneda más valiosa que es su voz.

Al amigo se le conoce en mayor o menor tiempo, y nunca es tarde para darte cuenta de lo mucho que has tardado en eso mismo, darte cuenta, porque darse cuenta de las cosas es una auténtica realización humana por minúscula que parezca.
Un amigo es aquel que llegados a un momento preciso te guantea para despertarte de tu sonambulismo cuando caminas hacia la niebla; solo cuando se precisa ese momento y cuando estés seguro de que no son tus ojos los empañados.

Un amigo está ahí de pie cuando el otro está arrastrándose.

Un amigo compadece tu caída y no te agarrará la mano si no levantas tu el brazo. Dos muertes son más que una. Dos vidas son más que una. Un amigo valora como se levanta el otro.

Un amigo es una palabra y una dicotomía. Un amigo no lo es sin su otro amigo.
Un amigo son dos.

Un amigo es único, y dos amigos, dos únicos.

La amistad no es una regla. La amistad se aplica de formas tan diferentes como diferentes sean tu amigos. La amistad con un amigo no es igual a la de otro. La calidad de la amistad no está reñida con las formas.
Este amigo es así y así es mi amistad con él. Mi otro amigo es diferente, mi amistad con él también.
Si mis amigos son diferentes, las formas de amistad también serán diversas.

Porque a un amigo con el tiempo se le conoce, y sabemos cuáles son sus virtudes y sus defectos, cuales son sus ilusiones y sus puntos débiles, sabemos que le hace reír y que le hace llorar, lo que le motiva y lo que le cabrea. Y cuando sabemos todo esto, encontramos el respeto que se merece. El respeto no está reñido con la confianza. El respeto hacia un amigo eso que todos sabemos, combustiona como el fuego cuando llega a esa situación reconocible y prescindible de palabras. El respeto y la confianza son dos fibras de hilo que se estiran al mismo tiempo en el tejido de la amistad.

Cuando conocemos a una amigo, son pocas las veces en las que se solicita el perdón.
No se trata de conocer mucho, se trata de conocer bien.

Un amigo no precisa de fingir en pos de victimizarse o de saberse más.

Un amigo podrá ser transparente o blindado, pero no juzgado en primera instancia, porque cuando algo nos falla de un amigo, sopesamos nuestra balanza, y antes de juzgarlo nos observamos para saber si no hemos sido nosotros quienes hemos fallado.
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