No, a mí Évole no me la ha colado

By | lunes, febrero 24, 2014 Leave a Comment
Pues a mí no me la ha colado.

Que no me haya parecido una buena idea que Jordi Évole emitiese un falso documental sobre el 23F no quita que me guste que las cosas haya que tomárselas a veces con humor. Faltaría más.

Después de semanas creando tanta expectación, yo no me esperaba nada de este reportaje, no. No me esperaba nada de un documental con una versión no oficial del 23F con licencia para emitirse en una canal televisivo cuyo propietario, el señor Jose Manuel Lara, amigo de su majestad el Rey, y habiendo declarado publicamente que "el Rey tiene credibilidad para el resto de su vida", diese permiso para emitirlo a su hijo prodigio, Évole, un diamante en niveles de audiencia.

Tampoco me inquietaba nada si no se secuestraba ese hipotético reportaje contando realmente argumentos que pusiesen la versión oficial del golpe de estado contra la pared, ni a su majestad haciendo las maletas. Me siento plenamente seguro de que jamás saldrá la verdad en un medio amigo del estamento Real. No, no se iba a contar nada nuevo, al menos si era con el rigor de la seriedad.

Eran motivos suficientes para no esperar la verdad, por mucho que gusten los reportajes de Evole.
Mientras media España era troleada con el documental, Jose Manuel Lara hacía pompitas de jabón en un baño de audiencia. Y yo, estaba tan tranquilo como él.
Y no es que yo sea un listo. Precisamente por eso, me extraña que con razones tan obvias tanta gente estaba creyéndose lo más increíble durante esa hora de la noche.



Desde los primeros minutos, ya se estaba empezando a plantear que el Rey formaba parte del plan salvador del falso golpe. Es más, él es quien daba el visto bueno. No era muy complicado saber que el reportaje de Évole iba a ser otro que le dejaba a su majestad el papel más importante de la heroicidad de los hechos. Por tanto había razones bien tempranas para saber ya que, aún no esperando que lo de Évole era una broma, era un reportaje que no nos contaría la verdad. Era demasiado explícito para ser emitido en televisión, así de fácil. El Rey, directamente situado en el marco de la democracia salvadora, él, el heredero del poder del estado elegido antidemocráticamente justo en la dictadura anterior, por los terroristas franquistas (que por cierto ya va siendo hora de jamás se separen estas dos palabras).

Ya lo comentaba en mi twitter en los primeros minutos, NO ME CREO NADA. Partícipes de un montaje político callados hasta el día de hoy? Jose Luis Garci por medio? Hombre, por favor. Vale, desde el punto de vista cinéfilo, muy bien, una buena trama. Pero este Salvados de qué va? Lo dicho, no me creo nada. Y así fue. Troleada total.

Respecto al malestar provocado por Évole y sus explicaciones colgadas en internet minutos después, ok. Ha sido un experimento. Pero eso no sigue la línea periodística de Salvados, sobre todo si está tratando de ganarse la credibilidad Domingo tras Domingo. "No nos olvidemos que Jordi es humorista", ok, pero en Salvados no hace de humorista. Y sobre todo, el 23F, que podría ser el afianzamiento que acreditase la Transición (o mejor dicho Transacción), ambas, son estafas político-democráticas del mismo calibre, o incluso mayor que todo el resto de asuntos tratados en todos los programas de Salvados, y por ello, creo que no merecía menor seriedad.
Para mí ha sido un reportaje desafortunado, y una oportunidad perdida. Rezo (en sentido vulgar) para que esto no ayude a desacreditar cualquier intento de explicar otra versión no oficial del 23F, de la que en adelante se nos podrán burlar en la cara argumentándonos cosas como "ah sí, como el montaje de Jordi Évole".
Comprendo las intenciones de Évole, pero en mi opinión no ha medido bien la seriedad del asunto que trataba.

Y también entiendo las comparaciones con Orson Welles, pero Orson hablaba de seres extraterrestres venidos del espacio.
En el 23F también había señores de verde, sí, ya lo sé, pero hablamos de un hecho que sí nos colaron auténticamente a todos, una Transición con tan poco crédito como que el poderoso sigue ahí y no lo mueve nadie, delante de nuestras narices sin haber sido elegido por procesos comunes y democráticos.

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