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De José Carlos Martínez Gálvez
668 páginas       15 x 23 cms.
25,00 euros. Muñoz Moya

El autor del libro ‘La represión en el occidente sevillano’ pretende desmitificar viejos tópicos de la represión franquista: “El franquismo entendió que los rojos no tenían ningún derecho a nada. Le quitó las tierras, les quitó el trabajo, les quitó la vida, les quitó a sus hijos y cuando vio que les quedó claro el mecanismo, los dejaron vivir en su sistema”. Martínez destaca la existencia de una “violencia planificada con técnicas de terror y limpieza política a una amplia mayoría de la población”. También afirma que no hay lugar para pensar en “una violencia genocida”. Se trata más bien de una “limpieza política que no permitiera en un larguísimo período de tiempo hacer la más mínima oposición al régimen”.

Relata en uno de los capítulos el consejo de guerra 1/37 que se celebra en Aznalcóllar con más de cien republicanos acusados. “Los papeles que he encontrado destacan que aquel consejo se celebró en menos de un día para juzgar a toda aquella cantidad de procesados”, aclara.
Formando grupos de tres pasaban por la sala grupos de una media de cuarenta personas a la hora. Se ratificaron 43 condenas a muerte. Además existía una “clara evidencia de la utilización arbitraria de códigos de justicia, ya que los miembros que había en la sala también eran señoritos del pueblo que señalaban prácticamente con el dedo y a los que les sobraba la instrucción del proceso”. Muchos de aquellos jueces venían de la etapa republicana. “Por miedo a ser represaliados muchos accedieron a formar parte de este tipo de justicia”.

Entre las colaboraciones con la Guardia civil y Falange, Martínez añade un tercer factor del que poco se habla y es el los “vecinos”. “Muchos colaboraron de forma activa con el golpe franquista y hay veces que la oposición tenía una ramificación civil que ayudaba a los militares a ajusticiar a los republicanos.



Al empezar a escribir este libro el autor encontró una víctima Laura Soto, 18 años, madre de una niña que le fue robada, fusilada por ser hermana e hija de rojos, que tocó sus fibras más profundas. No quiso limitarse a dejar su nombre en una lista más de fusilados, sino recrear su vida y el mundo que la rodeó. A ella está dedicado el libro.
Concienzudamente porque el autor trató a fondo cada una de las nuevas implicaciones y temas que se le iban abriendo en los sucesivos pasos de la investigación: Los asesinatos, las cárceles y campos de concentración, los saqueos, la incautación de bienes, los robos de niños, una  psiquiatría española muy poco conocida contra homosexuales, comunistas etc. similar a la de los médicos nazis de los campos de exterminio, la Iglesia y la Falange, las listas nominativas de verdugos y víctimas pueblo a pueblo a pueblo… Particular importancia tiene su extenso estudio de la represión económica: no sólo asesinaron sino que, contra la guerra pretendidamente ideológica que suelen presentar los apologistas facciosos, los franquistas robaron y saquearon a mansalva.
El autor ha pateado las hemerotecas y los archivos y bibliotecas locales, provinciales, autonómicos, nacionales y extranjeros. Ha realizado cientos de entrevistas de campo con los supervivientes y los familiares de las víctimas.
Escribir el libro le llevó casi doce años de trabajo ininterrumpido. 680 páginas con una documentación irrefutable.

José Carlos Martínez Gálvez nació en Sevilla y pasó su primera infancia en un barrio obrero de Madrid de donde volvió con once años. Estudió en el Instituto de Bachillerato San Isidoro de Sevilla siendo iniciado en la militancia política y sindical por los compañeros que allí tuvo. Cursó Historia en la Universidad hispalense simultaneando sus estudios con el trabajó  de cartero y la militancia en la CNT. En 1985 aprobó oposiciones y comenzó a dar clases de Historia, menester en el que sigue. Fue Secretario Provincial de CGT de Sevilla.




ÍNDICE
Dedicatoria
Introducción
Estado actual de la cuestión
PRELUDIOS DE LA TORMENTA
IGLESIA, DESCRISTIANIZACIÓN Y CRUZADA
Golpe de estado y represión en el Partido Judicial de Sanlúcar la Mayor
Verano de 1936 y 1937. El inicio de los bandos de guerra
La represión en las localidades del ámbito estudiado
Albaida del Aljarafe
Aznalcázar
Aznalcóllar
Benacazón
Bollullos de la Mitación
Carrión de los Céspedes
Castilleja del Campo
Castillo de las Guardas
Espartinas
Gerena
Huévar
El Madroño
Olivares
Pilas
El Ronquillo
Salteras
Sanlúcar la Mayor
Umbrete
Villamarique de la Condesa
Villanueva del Ariscal
La represión institucionalizada: De los bandos a los consejos de guerra sumarísimos
¿Reconstrucción jurisdiccional o utilización del Código de Justicia Militar?
Los “días rojos” en Aznalcóllar a través de las sumarias de 1937. La limpieza política continuada mediante consejos de guerra
Los “días rojos” en Aznalcóllar a través de la sumaria 60427 de 1939. La atemperación del rigor punitivo tras la victoria
La sumaria por la muerte del guardia Francisco Garrido, un caso atípico de la “justicia” sublevada
La represión económica
Análisis cuantitativo del Fondo de Responsabilidades Políticas que ha servido de base para el estudio
Distribución geográfica de los expedientes de responsabilidades políticas del Archivo Histórico Provincial
El proceso de represión económica, un aspecto más de la represión
Del pillaje y la exacción a la norma codificada
De la donación a la exacción
La institucionalización de la represión económica: Los expedientes de incautación de bienes y los expedientes de responsabilidades políticas en el territorio de la Segunda División Orgánica
De la creación de la nueva jurisdicción a su colapso económica en el ámbito estudiado
Tipología de los represaliados
Estudio específico de algunos expedientes: de lo cuantitativo a lo cualitativo
La represión sobre los invisibles
Falange y falangistas, un intento de acercamiento a las militancias de las localidades de Espartinas y Aznalcóllar
Dos mundos distintos en un mismo partido judicial
Una breve visión de la génesis de la Falange hispalense
Un intento de aproximación a la Falange de Espartinas  a partir de los libros de registro de afiliados de AP, UR y FET
Un caso radicalmente distinto: La Falange y Aznalcóllar
CONCLUSIONES
FUENTES BIBLIOGRÁFICAS
Bibliografía
Publicaciones Oficiales
Diarios y fuentes periodísticas
Archivos y bibliotecas
Abreviaturas
ANEXOS
ANEXO I. MUERTES  DEBIDAS A LA REPRESIÓN DERECHISTA  PRODUCIDAS EN CADA UNA DE LAS LOCALIDADES
Albaida del Aljarafe
Aznalcázar
Aznalcóllar
Benacazón
Bollullos de la Mitación
Carrión de los Céspedes
Castilleja del Campo
Castillo de las Guardas
Espartinas
Gerena
Huévar
El Madroño
Olivares
Pilas
El Ronquillo
Salteras
Sanlúcar la Mayor
Umbrete
Villamarique de la Condesa
Villanueva del Ariscal
ANEXO II. MUERTES  DEBIDAS A LA REPRESIÓN IZQUIERDISTA EN AZNALCÓLLAR
ANEXO III. RESPUESTA DE LA IGLESIA A LA LEY DE CONFESIONES Y CONGREGACIONES RELIGIOSAS APROBADA POR LAS CORTES EL 2 DE JUNIO DE 1933. ADAPTACIÓN DE
LOS CENTROS ESCOLARES RELIGIOSOS AL NUEVO MARCO LEGAL
ANEXO IV.  EVOLUCIÓN DE INGRESOS Y GASTOS DE LAS PARROQUIAS EN EL PERIODO 1932-1937
ANEXO V. CONTESTACIÓN DESDE EL JUZGADO DE PAZ DE GINES
ANEXO VI.  CERTIFICADO DE DEFUNCIÓN DE EUSEBIA DELGADO PÉREZ, DE EL MADROÑO
ANEXO VII. REPRESIÓN ECONÓMICA INSTITUCIONALIZADA
ANEXO VIII.  EXTRACTOS DE LA ENTREVISTA REALIZADA A MANUEL PERALÍA, VECINO DE GERENA CONDENADO A MUERTE ENTRE EL PRIMERO DE JULIO DEL 39 Y EL 27 DE
SEPTIEMBRE DEL 42
ANEXO IX. MILITANCIAS EN ESPARTINAS
Afiliados a Acción Popular
Afiliados a Unión Republicana
Afiliados a Falange
ANEXO X. AFILIADOS A LA FALANGE DE AZNALCÓLLAR
ANEXO XI. VECINOS DE AZNALCÓLLAR CON EXPEDIENTES POR FALTA DE INCORPORACIÓN A FILAS

  



Información extraída de: 
http://www.foroporlamemoria.info/2014/12/represion-franquista-en-el-occidente-sevillano-1936-1950-20-pueblos-bajo-el-terror/

http://www.andalucesdiario.es/ciudadanxs/la-represion-franquista-en-el-occidente-sevillano/



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Lo importante no es cómo llegas a este mundo, tampoco cómo es la forma que en que lo abandonas. La aleatoriedad accidental de este universo es demasiado cruel, poco justa y desigual en los merecimientos que cada uno se labra a lo largo de su vida. Es por eso, que lo importante fue cómo viviste. Y ese es el profundo legado que papá me dejó.

Ha pasado justo un año. Y sigo como si no me hubiera enterado aún de que ya no está. Eso sí, lo hecho de menos, tanto que me pierdo preguntándome en qué unidad de medida se mesura eso de echar de menos a los seres que nunca volverán. Papá sigue siendo inmortal, sigue existiendo en un recuerdo que late perpetuo y reciente en quienes somos su familia. Permanece un recuerdo que le hace seguir vivo en mi cabeza, porque nos dejó su pensamiento pragmático, su juicio justo sobre todas las cosas, su inquietud constante por saber más de lo que sabía ayer, la sencillez de su síntesis filosófica con la que entendía la vida, la claridad para expresarse como la de sus intensos ojos azules, la ética y la dignidad de todos los seres, inclinado, como lo soy yo ahora, hacía el lado defensor de los que menos tienen, los más desfavorecidos y desprotegidos de la sociedad, los trabajadores. Y de él heredé su conciencia de clase obrera, de firme pensamiento de izquierda, no desde el arribismo sino desde la conclusión de las cuestiones políticas vista desde el escalafón del trabajador.
Por todo esto y más, papá es inmortal, como dijera Milan Kundera. Inmortal a través de lo que en su vida dio y que ahora se proyecta canalizado por la mía. Su estantería llena de libros sobre filosofía, literatura, derecho laboral y constitucional es hoy el testimonio de un hombre que se formó a sí mismo al ver interrumpidos sus estudios de bachiller por la necesidad de trabajar para alimentar a su familia.

Papá quería ser profesor. Qué gracia, ¿acaso no lo fue? Él no daba discursos, ni en público ni en privado. Leía, escribía, no alardeaba de bocas ni por asomo. Era de esos que se mantenía en silencio, hasta que intervenía mostrando sus ideas con la seguridad de basarse sobre los pilares de los hechos, la irrefutable solidez de lo definido científicamente y con cierto recital prosaico. Papá era de esos que hablaba desde el saber por haber leído. Era de esos que clavaba la reflexión de lo político, de los que cuando terminaba provocaba sin querer dos o tres segundos de silencio para asimilar por los oyentes lo que acababa de decir.  

Antonio Velázquez Freire, 2001. Le hice esta foto el día de la boda de mi hermana.

Su ética le hacía capaz de guardar silencio con paciencia lo irrisorio de cualquier adversario. Sí, él era capaz de respetar a sus adversarios. Tenía la seguridad de que su contestación tumbaba los discursos basados en la naderías, las ideas poco fundamentadas y el vocerío de tono elevado. La dignidad era esa otra cualidad suya que siempre llevó como ejemplo y que le sirvió de lanza para combatir desde su pertenencia sindical y activista, los derechos coartados de los trabajadores que como fin de los mismos, tenía como plenitud de justicia e igualdad, que estos tuviesen eso, tan sencilla como titánica, la Dignidad.
Papá nos enseñó con el ejemplo, nunca impuso una creencia ni un pensamiento adoctrinado sobre mí. Dejaba que sus hijos formáramos nuestros propios pensamientos, nuestras ideas, nuestros valores y nuestro sentido del principio. Nos dio una vida con pan, que nunca faltó, y nos dio libertad. Nunca fuimos sometidos. Nunca nos dio un bienestar de avaricia y ambición, sino la humildad de lo más básico para tener una vida decente.

Es por él y por mi madre, trabajando desde niños, que a veces pienso que en su juventud tener 18 años era ser un hombre y en cambio ahora es ser un chavalín. Su vida fue tres veces más dura que la mía, empezó a trabajar a una edad mucho más temprana que la mía. Su entereza juvenil es la felicidad de mis días. Cómo puedo ser yo menos que él, me pregunto a menudo cuando atravieso una baja escalada en cualquier ámbito de mi vida.
Él tampoco era perfecto. Como todo padre tenía sus defectos, naturalmente soportables. No por ello pierde el aprecio que todos los hijos cultivamos hacia a ellos los años que vivimos juntos.

Se fue muy pronto. Setenta y seis años es una edad joven para marcharse. Desde su merecida jubilación caminaba kilómetros todos los días para ganar una vejez saludable. Era fuerte, en eso y en los momentos que en su salud le pasó algunas facturas. Eso también fue otro ejemplo. Siempre me apoyó sin condiciones en todas las ocasiones que me fui de casa, Barcelona, Madrid, Londres, de nuevo Madrid..., le importaba el bien de su hijo aunque lejano por encima de la comodidad de tenerme cerca.

En los últimos años bromeaba, con media sonrisa, comentando que le quedaban dos telediarios, y aunque no me gustara la broma, era su forma de restar drama a lo que es irremediablemente venidero, que siempre miraba de cara y nunca de soslayo. Nunca quise pensar en ese día. Pero ese día llegó y me pilló a contratiempo. Lo encajé mal. Papá enfermó y el pronóstico se inclinó por el peor de los posibles. Algo que él ya había vivido años atrás en la piel de otro hijo, mi hermano. Decidió mantener con la misma entereza que abanderó durante toda la vida, el final de su paso por esta tierra. Decidió no volcar un gramo de tragedia más que la que se podía dejarse ver por su estado, sobre los que estuvimos con él, y muy a mi pesar mi apurada llegada al hospital por vivir a unos cientos kilómetros de distancia.

Se marchó acompañado de los suyos, nosotros. Resistió lo que pudo sin tener que demostrarnos nada más de lo que ya había hecho durante setenta y seis años. Su cuerpo que tantos años había labrado jornadas de un empleo precoz, su cabeza formada en la lectura incesante, su corazón que había cruzado la dureza de la pérdida, y también cómo no, la vibrante emoción ser abuelo y padre con orgullo, estaba cansado.
Hace hoy un año exacto, un nueve de Julio, que estuvimos con él cuando ya no pudo más. Estuvimos rodeándole, con una mano posada sobre su pecho, era el último nexo que nos quedaba para estar en contacto con él, sintiendo en nuestras palmas el pálpito ralentizado de su corazón que aún bombeaba su vida, hasta que este dio el último latido.

Fue un hombre bueno, enemigo de la mentira y delator de falsos discursos. Para mí fue un embajador raso que luchaba por su colectivo desde la altura de sus iguales, sin distinciones de traje ni estrados tóxicos, sin la ambición de premios más allá de la mera obtención de lo ganado por lo trabajado.
Es por eso que él trasciende a su muerte a través de sus seres. Eso por eso que hoy soy mi padre, y él es inmortal. Yo creo que no merece hoy un recuerdo triste y ajado. Hoy, a pesar de ese rastro de azufre que me trae este aniversario, me niego a vivirlo con la pena agachando mi cabeza, que para algo él también se esforzó en enseñarme a levantarla. Así que le recordaré con su imborrable sonrisa que mostraba cuando aparecía con mis maletas por casa.


Desde hace unas semanas puede verse en televisión e internet el nuevo spot publicitario de la cadena de establecimientos Burguer King. Tal fue mi pavorosa reacción al toparme casualmente con el anuncio que no me he resistido a comentarlo aquí en mi blog.


Ayer Martes entró en prisión Alejandro Fernández, el joven de Granada condenado "por pagar 79 euros" con un tarjeta bancaria que no era suya en 2010. El Tribunal ha condenado a esta persona a 6 años de prisión. Y hoy, un día después, ha comenzado a difundirse en la redes sociales, así como en diversos medios de información, una estampa a modo de esquema con una información falsa y engañosa sobre este acusado.

La facilidad con la que con frecuencia nos topamos información falsa en las redes sociales es sin duda un flaco favor hacia los que hoy están seriamente comprometidos con un periodismo de rigor, de veracidad, credibilidad y sobre todo de hechos contrastados. Esta brecha de la desinformación queda, más si cabe, en ridículo cuando el argumento proviene de una fuente a la que rápidamente se le destapa de racista y sus aportaciones son tan débiles como insustanciales son sus mentiras.