El sentido de la fotografía

By | domingo, agosto 01, 2010 1 comment
No sería aquella fotografía que contemplé hace unos años la única que me dejaría atónito ante su esplendor. Un arlequín en pose inclinada, lamiendo con su lengua extendida el sexo de una joven, desnuda, que no dejaba de mirar el objetivo de la cámara, no se si también al fotógrafo, y por último al espectador. Rebosaba libidez, morbosidad. Una imagen totalmente descarada, sin ataduras, me impresionó porque jamás vi una fotografía igual en una galería de arte. Me pareció que era mas desnuda aún que la figura femenina que posaba seduciendo.


Pero pienso ahora, en cuantas veces me he preguntado a mi mismo, basándome en el recuerdo, si lo que realmente me atrajo fue la foto en si, o mas bien fue su referente. Creo que me declino por lo segundo, no puedo evitar la excitación que me produjo ver aquella joven. Me atrapó de momento, no la fotografía, sino ella. Me desvinculé del resto, y le presté toda mi atención a la belleza de un cuerpo, la saqué de su contexto para llevármela a mi territorio mental.
Y aquí se me plantea el problema, cuando realmente me doy cuenta de que no vi la fotografía, no me interesaba sino que solo vi a la chica, solo la quería a ella. Tan solo hice una lectura de ella. Entonces interrogo, ¿cuál es el momento preciso en que la fotografía se rompe separándose de su referente?
El problema no era desconocer el punto en que una fotografía se desvirtúa del objeto captado. El problema era que yo no sabía mirar una fotografía. No sabía reflexionar sobre lo que estaba viendo. La dualidad eterna de la fotografía hacía impensable su distanciamiento del objeto.
Como relata Roland Barthes en “La cámara lúcida”, es una dualidad tan inseparable como el deseo y el objeto, el bien y el mal, etc. Es imposible que una fotografía sobreviva sin su referente de realidad (lo que hace que sea inclasificable), o mas bien, no es que no sobreviva, sino que ni siquiera nace.
La chica de la foto no podía “ser“ sin la fotografía, estaba allí por la fotografía misma, no podía abandonar su “estado“. Deduzco entonces que yo no miraba la chica, la imaginaba. Parece como si la fotografía fuese invisible, tan solo podemos ver su referencia. Y a continuación me surge otro interrogante, ¿acaso no trata de eso la fotografía, de mostrar una representación de la realidad? Porque entonces pienso que mi actitud no fue tan desviada como yo pensaba, extraje mi emoción, mi conclusión y jugué a pensar lo que yo quería que fuese.
¿Cómo es posible entonces ver una fotografía? Cuando vemos una fotografía, reconocemos “lo que en ella aparece”, realmente pensamos: “mira quien es”, “fíjate que bello es el paisaje”, etc. En cualquier álbum familiar lo que nos atrae es ver representado en un pasado lo que ya conocemos. Supongamos, aquella foto en que se nos ve hace algunos años retratados en un lugar lejano, de inmediato: ”que bien lo pasamos aquel día”, “mira aquí, cuando fulanito tenía bigote”. En seguida volamos a un tiempo pasado porque la fotografía en si misma testimonia un momento pasado.
La fotografía como materia física, es decir, el papel, es para mi un documento demostrable, es el sistema de representación de una realidad más exacto a como es percibida por el ojo humano que existe hoy día. Se separa completamente del arte de la pintura, aplastándola en la mesura del grado de veracidad de los hechos y actos mundiales de la historia. Es una palpitación de la vida misma sobre las sales de plata, la realidad misma impresa en la materia, mantiene la fidelidad a lo real, que al contrario que la pintura, no puede evitar pasar el filtro de la subjetividad del pintor. Aunque si bien miramos, la fotografía también conlleva su respectiva subjetividad si miramos a los fotógrafos de la historia, es ella la que los distingue, a través de los aspectos estéticos, técnicos, y sobre todo temáticos. Pero de esto hablaremos luego. Lo que me planteo, es la fotografía como acto.

Henri Catier-Bresson
Como entender ese instante de función de magia. Porque cuando hablamos del valor de la fotografía estamos refiriéndonos al acto, al menos es para mi lo mas importante. El documento del papel, el soporte, lo que cogemos, es la otra mitad de la obra de arte, es el producto. Y esta delgada línea que une la obra conceptual (la idea) con la obra material (el producto), es donde me pregunto sobre el debate entre la fotografía como documento, y la fotografía como obra de arte. ¿En qué momento se separan estas dos vertientes? Creo encontrar un lugar, cuando la fotografía comienza a ser utilizada con fines distintos a lo científico, es decir, aquella que busca seducir.
En mi pequeño esquema de las vías de conocimiento del mundo, ya que son los que han construido la imagen mental sosegada ante la complejidad del entendimiento humano a lo largo de la historia, distingo tres modos/ vías: ciencia, religión y arte. La ciencia utiliza la objetividad de la razón y la lógica, la religión se basa en la fe, y el arte se mueve por donde quiere, con billete de ida y vuelta hasta no sabemos donde, porque el arte no pretende demostrar sino de seducir.
Cuando la fotografía comienza a enseñarse en las universidades, se inicia un nuevo modo de pensar las fotografías. A día de hoy no puedo evitar cuestionarme qué es lo que diferencia la fotografía del álbum familiar de la de un catálogo de Cartier-Bresson, aunque bien podríamos decir que este último sería el álbum familiar del mundo. Evidentemente la diferencia es perceptible. La foto tomada en un día de playa por un padre de familia no va mas allá de la mera intención de registrar el recuerdo, quiere solo que sus seres queridos aparezcan en la foto, se les vea bien, con preocupaciones medias de composición (que nadie quede fuera), y poco más; y con esto no pretendo ni mucho menos desprestigiar a nadie (siendo además este tipo de sensaciones las primeras que halla tenido cualquier principiante que incluso llegue a ser el mayor artista).
La fotografía de Cartier-Bresson va mucho mas allá, el mayor ingenuo de la fotografía lo percibe, no hay duda. La sensibilidad de sus imágenes se alejan de lo que podría ser una sencilla foto. El transcendentalismo que refleja es inigualable, situaciones, rostros, ausencias, y también… dolor, letanía, soledad, infancia, drama, etc.
Sujeto y objeto, subjetividad y documento se elevan a un mismo nivel, perfecta armonía sopesada. Quizás sea esta la razón que desata el entendimiento de la disciplina fotográfica como arte, que lo distancia claramente de la foto no más allá del recuerdo del aficionado.
Deberíamos entonces abrir un esquema que desmarque la fotografía del fotógrafo, de la fotografía del artista. Y aún me planteo también, hasta que punto la fotografía de Cartier-Bresson se declina por el documento o por la obra artística. Dreas Feininger indica que mientras la fotografía documental se ocupa principalmente de temas, hechos y acontecimientos específicos, la fotografía creadora se interesa por la esencia de las cosas y de su interpretación. En este tipo de fotografía el tema se convierte en el vehículo de expresión de una idea, un símbolo que representa algo más que la simple y escueta reproducción de su imagen. Que una fotografía de prensa pueda ser realmente una obra de arte no significa que toda la fotografía de prensa sea un género artístico.
Roland Barthes
La guerra es la madre temática de la fotografía, ha sido el tema por excelencia al que más han acudido las cámaras, la mayor fuente de inspiración para la obra del artista francés. Me explico, si la fotografía de guerra se hizo para contar a la mayor parte del mundo lo que no ve con sus propios ojos, si la presencia de la cámara en el campo de batalla sirvió para dar cuenta de la veracidad, credibilidad y convicción de un hecho histórico, ¿no estamos entonces hablando de un documento?. ¿En que momento deja de ser una imagen de Cartier-Bresson un documento para convertirse en arte? Y lo pregunto porque yo aun no lo sé por mas que lo pienso.
Tampoco olvidemos que en la actualidad existen multitud de libros publicados por fotógrafos de prensa con temática similar. Si estos reporteros fueron en un tiempo anterior captores de imágenes que sirviesen de documento en los periódicos para el resto del mundo, y ahora publican libros donde todo ese material adquiere un sentido mas indagador que la mera intención documental, ¿cómo saber pues donde comienza su carrera con tintes de artista?. En frecuentes ocasiones vemos en los periódicos imágenes de guerra que mantienen una semejanza bastante notable con las de Bresson, pero a Bresson le consideramos artista (incluso mas que como reportero de la historia), y a los fotógrafos de periódicos los consideramos como “autores de documento”, ¿cómo es esto?. Es por eso que yo aún no llego a comprender toda esta maraña interconexiones que enlazan las vertientes de la fotografía encaminada en diversas direcciones. O quizás es que no llego a entender la fotografía en su totalidad. Por eso creo que la fotografía de Bresson se mueve entre ambas bandas, para mí sería una “bisagra” posada entre el documento y la mirada artística.
Antes comentábamos la idea de que un padre de familia tomase la foto playera de antojo, su preocupaciones son escasamente técnicas, pero hay un dato que no he expresado; lo que más le interesa al aficionado es llevarse el recuerdo a casa, captar la escena que le rememore aquel día cuando la vea impresa sobre un papel en el futuro. Creo que esa intención es tan humilde como grandiosa, si no es así, ¿para qué la fotografía?. Pero claro está, que el aficionado no ejercita el pensamiento como lo hizo Bresson, este vivía en la fotografía misma, era su vida, las horas pasaban pegado él a su cámara, es decir, que analizaba, reflexionaba, filosofaba y teorizaba; nada comparado con quien guarda la cámara en el trastero. Aquel que se dedica a pintar un cuadro en los desechos de su tiempo sin ofrecer mas atención que a la de cualquier otro hobby, no es un pintor, no es comparable a la seriedad de otros grandes de la pintura, sin lugar a dudas!! Esto es otra diferencia entre el fotógrafo y el fotógrafo como artista.
El artista se distingue debido a que vive por disciplina, se impregna de ello, se alimenta, lo piensa, el arte es un paralelo a la vida. Recuerdo ahora unas palabras del fotógrafo artista Joan Fontcuberta cuando comenta que “no solo hay que ejercer la mirada del ojo, la cornea o la retina, sino que también se trata de ejercer la mirada del pensamiento”. No solo hay que ser artesano de la herramienta, también hay que ser filósofo del pensamiento, se trata de hacerlo tuyo, una articulación mas de ti. A veces pienso incluso que comienzas a ser artista cuando te das cuenta de que “sufres” (involucración absoluta) por lo que haces y lo que buscas, y buscas porque dudas, y dudas porque interrogas y cuestionas, y las cuestiones hacen que indagues sobre lo que desconoces, y adentrarse en lo desconocido es lo que hace que evoluciones y te desarrolles. Aquí es cuando te formas como artista.
Por tanto tenemos, la fotografía de álbum y la fotografía comprometida, la fotografía como documento y la fotografía como arte; la fotografía como pensamiento y la fotografía como producto en papel. Se abren multitud de brechas en este intento por clasificar por caracteres este fenómeno.
El arte es indefinible, es inabarcable, su concepto carece de límites. El arte es una constante eterna que se transforma en el espacio-tiempo. El arte en si mismo cambia con cada generación, no posse una definición exacta, tan solo la palpamos. Duchamp dijo: “arte es aquello que el artista cree que es arte”. Pero recuerdo cuando la comisaria Margarita Aizpuru comentaba que “arte es aquello que no te deja igual después de verlo”. Una fotografía de Cartier-Bresson, además de ser un documento de credibilidad de hechos para ciertos sectores, contiene es “algo” enigmático que estimula nuestros sentidos, no nos deja igual después de haberla visto. Hay algo que se respira en ese espacio entre obra y espectador. Por ello pienso (y en esto coincido con Alberto García-Alix), que el fotógrafo no capta la realidad, sino que se cobra la intención de su mirada. Con ello se refiere a esa subjetividad de la fotografía; podríamos hablar incluso de que la dualidad de la que hablaba Barthes se convierte en un triángulo: el referente, la fotografía, y la intención de la mirada. Cuando al inicio de este trabajo relaté aquella ocasión en que miré la chica desnuda mirando hacia el espectador, confesé que solo me quedaba su referente. Y la fotografía, sobre todo me refiero a la que se declina por su rama artística, hay que contemplarla desde mas atrás.
El espacio ubicado entre la fotografía y el espectador, solo nos permite ver su referente. Pero pienso que hay que salirse de la posición que adoptamos para situar a nuestro “yo filósofo” a cinco metros detrás de nuestra espalda, no para poder ver sino para poder percibir la intención de la mirada del autor, o en otras palabras, la auténtica fotografía. Su entereza, la fotografía no es solo verla, es pensarla; y no solo debe pensarla el fotógrafo, también debe hacerlo el espectador. El espectador debe emplearse en esa ejecución de la fotografía como propia.
La fotografía no es solo del autor, también es nuestra.
Mario Ruoppolo dijo: “la poesía no es propiedad de quien la escribe, es de quien la necesita…”. Ver con los ojos, y percibir con la mente. No podemos desparramar la atención, hacia un lado u otro, es el conjunto, entero, así es como concibo yo la fotografía. La fotografía desde la chispa surgida en la idea del fotógrafo hasta la imagen impresa, y el espectador debe llegar desde el papel hasta esa intención del autor, su mente. Encuentro aquí una estrecha relación con este sentido de la fotografía que apunta el director de cine Win Wenders. Sacar fotos, es un acto en dos direcciones: hacia delante y hacia atrás. De modo similar a como un cazador alza su rifle para disparar al animal que tiene frente a sus ojos. En el momento del disparo la bala se lanza hacia delante, pero el “culatazo” nos lanza hacia atrás.
Estamos hablando pues, de que la fotografía es una imagen doble. La primera en su totalidad es el tema, su eterno referente. La segunda, oculta tras él, más complejo, muestra el “ángulo inverso”: la foto del fotógrafo en acción. Al igual que la bala no alcanza al cazador, la lente no registra esta contra-imagen contenida en la foto, aunque si es latente. Es como una imagen invisible del fotógrafo que se revela en la química del cuarto oscuro. La subjetividad, la actitud de quien dispara se ve reflejada en cada foto. La fotografía no solo define aquello que vemos representado, también describe la actitud de quien la toma. Podríamos decir que la cámara es un ojo que mira hacia delante y hacia atrás; hacia delante el TEMA, hacia atrás el DESEO, todo ello simultáneamente.
A pesar de que la fotografía es una representación de realidad, la fotografía es qué y sobre todo cómo; demuestra realidad y cuenta el deseo. Disparar una fotografía es contar una historia, como el retrato de un anciano que nos somete a un fantasma temporal. García-Alix habla de su obra como historias, ya que sus retratos son el encuentro en si mismo con otras personas: “Para mi, parte de la magia de la vida es el encuentro”. Sus fotografías además de retratar como fueron esas personas, nos hace constatar como fueron esas personas PARA los ojos del autor: “Cuando tenemos a alguien frente a nosotros, somos conscientes de esa persona; cuando la tenemos frente a la cámara se hace doblemente consciente”. La fotografía adquiere una doble consciencia, en la fotografía aparece lo que tal y como queremos que aparezca. Mitad tú, mitad yo. La fotografía mirará hacia ti, pero me reflejará a mi en como deseé mirarte. Mirar una fotografía es viajar hacia el referente y hacia la mente-alma del autor al mismo tiempo.


Andrés Serrano
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1 comentario:

  1. Me encanto este articulo, lo encontre por casualidad googleando sobre algo que me rondaba en la cabeza, "el sentido de la fotografia", me guardo el link para una futura lectura.

    Fuerte abrazo!

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